La San Silvestre de cada año

Este verano, cuando salía a correr por las mañanas, justo antes de trabajar, me encontraba con las calles casi vacías y las pocas personas que me cruzaba a esas horas, iban camino de su trabajo.  Me extrañaba ver las calles tan vacías, pero asumía que era porque madrugar no apetece y en verano es más fácil salir por las noches, cuando ya no hay sol y empieza a refrescar.

Con la llegada del frío cambié mi rutina y comencé a salir por las tardes, cuando aún hacía una buena temperatura y era más agradable estar en la calle a las siete de la tarde que a las siete de la mañana. Me pasó lo mismo, debe ser que voy a contracorriente, pensé. Las calles seguían vacías y yo era de los pocos que no llevaban algún niño al lado o alguna bolsa de la compra en las manos.

Hace un mes, más o menos, comencé a cruzarme con gente que, como yo, corría por las aceras y caminos. Pero ellos iban mucho mejor equipados. Con sus deportivas relucientes y su ropa con ese brillo que solamente tiene la ropa recién estrenada. Y es que estaban preparándose para despedir el año a lo deportista.

Como cada 31 de diciembre, surgen por doquier  las carreras populares (he podido ver casi trescientas pruebas que se celebran en los días finales del año) repletas de atletas que nos quieren hacer creer que llevan todo el año sacrificando parte de su tiempo libre en buscar una forma de vida mucho más sana… y no cuela. Al kilómetro de tomar la salida ya están pidiendo agua.

La vida sana, está de moda y aunque nos cueste, a todos nos gusta aparentar que corremos, nadamos, hacemos largas tiradas en bicicleta y pasamos interminables horas en el gimnasio. No es verdad. Y no va a serlo por mucho que nos disfracemos de deportistas para la San Silvestre de cada año.

No podemos engañar a nadie después de los primeros kilómetros, ni siquiera a nosotros mismos. Si no somos deportistas habituales y nos decidimos a terminar el año corriendo durante diez kilómetros sobre el asfalto de nuestras calles, lo menos que nos puede pasar es tener un dolor en las articulaciones de caderas, rodillas y tobillos que nos amarguen las uvas… y en el peor, pasar la noche en el hospital. Porque tampoco nos vamos a engañar, lo de pasar un reconocimiento médico antes de iniciar la actividad deportiva, no lo hace casi nadie (tras algún tiempo y ver sustos en otras personas, ya sí que nos decidimos).

Para los que os habéis dejado un dineral en material deportivo e inscripción de la carrera de este año, solamente puedo desearos suerte y un 2017 repleto de kilómetros, para que la siguiente San Silvestre sea un agradable paseo. Si eres de los que volvía de correr cuando yo estaba a punto de salir de mi casa, mi más sincera admiración, algún día lograré madrugar un poco más…

Y a todos, feliz cambio de año y mejor deporte.